sábado, 23 de febrero de 2008

Julio Verne describio el internet en 1863

En su obra “París en el siglo XX”, que finalmente fue publicada en 1994, Julio Verne nos habla de un mundo puesto al servicio del dinero, donde la gente viviría preocupada por las cotizaciones en la Bolsa, y la educación y la tecnología no estarían al servicio del conocimiento sino de la acumulación financiera.
Pero también se refiere al “telégrafo fotográfico”, que “permitía enviar a cualquier parte el facsímil de cualquier escritura, autógrafo o dibujo, y firmar letras de cambio o contratos a 10 mil kilómetros de distancia”. Y describió que “la red telegráfica cubría ya la superficie completa de los continentes y el fondo de los mares”.
El relato transcurre en París en el año 1963 y el protagonista es un joven intelectual, Michel Jérôme, que malvive en una sociedad mecanizada, que le tacha de inútil por amar la lectura y las lenguas clásicas. "No quiero talento, quiero capacidades". Ese es el lema de los que triunfan y Michel no es uno de ellos. Al ganar un premio por escribir un verso en latín es es abucheado descontentos con el amor hacía la poesía clásica de su compatrito. A través del resto de la novela, el joven trata de hallar un lugar dentro de la industrializada e insensible sociedad parisiense de los años sesenta.

Así de pesimista se mostraba Verne ante el futuro y, viendo la situación en la que se encuentran las humanidades en este fin de siglo, tampoco iba mal encaminado en este punto. Sin embargo, por lo que verdaderamente llama la atención esta obra es por la detallada descripción que se hace en ella de las transformaciones producidas en la capital francesa. Según el autor de Viaje al centro de la Tierra, los parisinos iban de un lado a otro de la ciudad en un ferrocarril metropolitano formado por cuatro círculos concéntricos.
La gran ventaja de este medio de locomoción era que, al no tener locomotora, las casas colindantes no tenían que sufrir ruidos o malos humos.
Al caer la noche, las farolas resplandecían en todas las calles, iluminando las tiendas más suntuosas. Todo esto, claro está, lo imaginó varios años antes de que sucediera. Y ahí no queda la cosa. El hombre que predijo los viajes a la Luna, ideó un planeta cableado por el telégrafo, en el que se podían enviar mensajes y fotografías por fax. Junto a todos estos adelantos beneficiosos también había objetos tan escalofriantes como la silla eléctrica.

A pesar de que Verne terminó la obra en 1863, su editor, Jules Hetzel, se negó a publicarla porque la consideraba demasiado negativa. Así que la humanidad tuvo que esperar hasta 1994 para leer este auténtico prodigio de la inventiva.

Un escritor prolifico
Verne nació el 8 de febrero de 1828 en Nantes (Francia). Desde muy pronto siente inclinación por los viajes. Cursó estudios de leyes en París. En 1856 conoce a Honorine de Vyane, con la que contrajo matrimonio en 1857 tras establecerse en París como agente de bolsa.
Entre 1848 y 1863 se dedicó a escribir libretos de ópera y obras de teatro. Su primer éxito le llegó cuando publicó "Cinco semanas en globo" (1863) que le valió un contrato que lo obligaba a escribir dos novelas de un nuevo estilo cada año.
Fue un escritor al que le encantaban la ciencia y los inventos en el siglo XIX. Documentaba sus aventuras y predijo acertando muchos de los logros científicos del siglo XX. Escribió sobre cohetes espaciales, submarinos, helicópteros, aire acondicionado, misiles dirigidos e imágenes en movimiento, mucho tiempo antes de que aparecieran.
Entre sus libros se destacan Viaje al centro de la tierra (1864), De la tierra a la luna (1865), Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), La isla misteriosa (1870) y La vuelta al mundo en ochenta días (1872). Autor de más de ochenta libros que han sido traducidos a 112 idiomas. Sus obras han sido llevadas al cine. En 1892 fue distinguido con la Legión de Honor. Falleció el 24 de marzo de 1905

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